El pasado 10 de septiembre se conmemoró el día mundial para la prevención del suicidio, el cual fue propuesto por la Organización Internacional para la prevención del suicidio y avalado por la Organización Mundial de la Salud y tiene el objetivo de crear la conciencia en la importancia del tema y crear capacidades y habilidades en los expertos en salud mental para poder manejar y contener el riesgo en los pacientes vulnerables. La OMS define él suicidó como un acto deliberadamente iniciado y realizado por una persona en pleno conocimiento o expectativa de su enlace fatal (muerte).

De acuerdo a un comunicado de prensa del INEGI, en México, el suicidio, ha aumentado; en 2017 nos encontrábamos con una taza de 5.3 por cada 100,000 habitantes y para 2022 subió a 6.3, lo que equivale a 1629 suicidios más en el año; se estima que prevalece más en hombres que en mujeres y que el promedio de edad  de los más vulnerables son entre los 20 y 34 años.

Estos datos parecen insignificantes cuando no estamos cerca o no formamos parte de las estadísticas, sin embargo, es de suma importancia tener presente el riesgo que representa, no sólo para la persona que lo intenta o lo lleva a cabo, sino para el contexto que los rodean (familiares, amigos, pareja, trabajo, etcétera), ya que el impacto emocional que desencadena no es fácil de manejar. La OMS menciona que la depresión, siendo un trastorno que afecta al 5% de la población mundial, puede ocasionar el suicidio.

En febrero de 2023, se lanzó un estudio realizado por la Organización Panamericana de la Salud, en dónde se hace énfasis en que para la prevención del suicidio, no sólo se debe limitar el acceso a los métodos para cometerlo, sino fortalecer las herramientas psicosociales que sean red de apoyo para evitarlo, como por ejemplo mejorar las oportunidades de empleo, los servicios de salud, así como la creación de mayor contacto social entre las comunidades más rurales y hacer la diferencia entre sexos para abordar cada factor de riesgo.

Existen diferentes mitos que aún se interponen en las estrategias para evitarlo, por ejemplo:

Hablar del suicidio, puede incitar a hacerlo.

La persona que realmente se quiere matar, no lo menciona ni avisa.

La persona que tiene ideas suicidas, exagera y debería “echarle ganas”.

Las personas que se suicidan son valientes o egoístas.

Sin embargo, hay que recalcar que el sufrimiento emocional que tiene el suicida no es voluntario, no es suficiente tener fuerza de voluntad para evitarlo y debe ser atendido siempre por profesionales en salud mental.

PSIC. CATALINA ALIBETH BORGES ORTIZ

DIRECCIÓN CLÍNICA “EMOTIONS LIFE CENTER”

 

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